Esta obra de misericordia es la más costosa. Lo que Jesús pide parece un imposible: “yo les digo: amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores”. Poco a poco el Espíritu Santo nos permitirá ir realizando este ideal de santidad. Es de lo más difícil. Somos tan propensos a la venganza y el resentimiento… Por eso, Jesús nos dio un ejemplo maravilloso en la cruz.

Perdona, aunque la ofensa te duela mucho. Perdona setenta veces siete. Perdona, si puedes, hasta olvidar. Perdona y ama. Y sobre todo, perdonate a vos mismo.

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