También la corrección fraterna es una obra de misericordia, pero cuando se hace desde la humildad y desde el amor. Desde la humildad, reconociendo que también nosotros nos equivocamos. No queramos sacar la paja del ojo ajeno, sin darnos cuenta de la viga que tenemos en el nuestro. Desde el amor, no para herir al hermano sino para ayudarle. Y hacerlo además cariñosa, delicada y simpáticamente.
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