“Yo oí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?». Yo respondí: «¡Aquí

estoy: envíame!»”. (Is 6,8)

Con el verano llegan las vacaciones y mientras los jóvenes se retiran a disfrutar de la oferta

turística de la temporada, muchos eligen dedicar sus vacaciones para misionar. Es que cada vez

son más los que integran grupos misioneros en las parroquias de nuestra Arquidiócesis movidos

por la necesidad de llevar a otros el mensaje de Jesús.

Durante todo el año cada grupo misionero se prepara para los días que va a compartir con

la comunidad a la que los encomienda el Espíritu Santo. Se trabaja la formación, la espiritualidad y

las necesidades tanto de los misioneros como del lugar al que llegarán.

Una pieza fundamental para la misión es la comunidad de la Parroquia, que acompaña con

la oración permanente y colabora económicamente para que muchos proyectos sean llevados a

cabo. Ferias de plato, sorteos, peñas; cada evento que realizan los misioneros antes de partir se ve

sostenido por los feligreses, que impulsan a los jóvenes en la aventura de dejar la propia

comodidad para ir a encontrarse con el prójimo.

Misionar no solamente consiste en tocar la puerta de alguien para contarle quién es Jesús,

es también sentarse a tomar un mate, conocer las costumbres y los tiempos de otra ciudad, de

otro pueblo, escuchar al que tenemos al lado, compartir. Por otra parte, se viven días de

comunidad entre los jóvenes que durante el día comparten la Misa diaria, charlas de formación,

momentos de reflexión y recreación. Un tiempo para retirarse, para descansar en Dios.

Recemos por todos los jóvenes de nuestra Arquidiócesis que se encuentran misionando,

caminando el país, trabajando por el Reino de Dios.